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RED NATURA 2000UN PELIGRO PARA LA AGRICULTURA ESPAÑOLASr. D. José Carlos CaballeroDirector Técnico de la Asociación de Jóvenes Agricultores (ASAJA)
La Red Natura 2000 supone la creación de una extensión de nuevos espacios naturales protegidos sobre un montante de más de 12 millones de hectáreas. ASAJA, sin oponerse a las acciones o políticas sobre la conservación de nuestro patrimonio natural, hacia las que siempre ha mostrado su incuestionable apoyo, desea llamar la atención sobre la amenaza que esta iniciativa puede suponer para el mantenimiento de una agricultura sostenible en España y un peligro potencial de incremento de la despoblación de nuestro medio rural. Estas afirmaciones pueden entenderse como bastante terminantes. Sin embargo, ASAJA ha hecho, desde hace casi ya una década, un seguimiento muy estricto sobre cómo ha sido llevada la gestación de la Red, tanto en España como en las Instituciones Comunitarias, y ha de manifestar su desacuerdo más absoluto con la falta de transparencia, consenso y participación de la que ha hecho gala la realización de la Red. En particular, no se puede concebir cómo una acción de la envergadura de la presente, que afecta a una cuarta parte del territorio nacional, principalmente de uso agrario, ganadero o forestal, y en su gran mayoría perteneciente a propietarios privados, puede intentar materializarse sin la más mínima consulta a los sectores y agentes implicados. Además de ello, ASAJA entiende que la Red Natura es en su conjunto una idea inviable desde los puntos de vista conceptual, económico y social. Los argumentos en los que están basadas estas afirmaciones son los siguientes: La Red Natura es una idea gestada en los años ochenta, en los que la PAC abogaba por un modelo de sistema productivo agrario de ayudas e intensificación, mientras la conservación del medio natural se basaba en un tipo de modelo de protección blindada y excluyente de los espacios. Ambos modelos, veinte años después, están superados, pero mientras que la política agraria ha abogado por la incorporación del medio ambiente a sus criterios productivos, como veremos luego, la de conservación de los hábitats se ha quedado en los tics excluyentes del pasado. La Red Natura en España fue llevada a finales de los años ochenta y principios de los noventa de modo exclusivamente circunscrita a ciertos ambientes académicos ligados a las ciencias , sin invitación a participar a otras titulaciones: agronómicas, forestales, económicas, sociales, etc. que pudieron haber aportado mucho en su diseño. Durante todo el proceso de creación de la Red, así como durante su puesta en conocimiento de la iniciativa española, no se ha tenido presente, ni se ha consultado, ni se ha invitado a participar a ninguno de los agentes sociales, organizaciones profesionales, o asociaciones representativas de intereses puestos en juego. De forma particular, los agricultores, forestales, ganaderos y demás propietarios de explotaciones agropecuarias o de terrenos rurales, no han tenido la más mínima capacidad, no sólo de oponerse a esta iniciativa, sino ni siquiera de estar informados sobre la misma, y en qué términos se va a ver afectado su sistema de vida o de forma de trabajo. A pesar de lo anterior, la suma de la superficie propuesta por las Comunidades Autónomas para ser incluida en la Red Española ha supuesto un montante de 12,4 millones de Has. Esta cantidad, obviamente fuera de toda racionalidad, es el resultado de estimular la propuesta con la esperanza de un ingente caudal de fondos comunitarios para declarar, mantener y gestionar la propia Red. Cuestión que tan siquiera se puede considerar como dudosa, simplemente resulta imposible con los aires de recortes que se respiran en Bruselas. Dichos fondos, que ya no fueron tenidos en cuenta en la AGENDA 2000, seguirán sin aparecer en la Reforma a Mitad de Término emprendida por Fischler, puesto que no son los fondos PAC, cada vez más escasos (0,4 % del PIB de los Quince), los que puedan atender estas iniciativas. Si bien se están debatiendo posibles alternativas para financiar la Red Entre las propuestas más o menos viables que está barajando la Comisión Europea, y que deberá presentar en su informe final al Parlamento y al Consejo de Europa, está la de que se financie a través del Segundo Pilar de la PAC, es decir del Desarrollo Rural. La política de Desarrollo Rural, cuyas posibilidades de ser implantada con éxito en España son muchas, al contener un extenso abanico de actividades agrarias, o paraagrarias susceptibles de ser consideradas, supone una excelente oportunidad para los habitantes del medio rural en países periféricos de la Unión Europea. Si sus fondos quedarán hipotecados por tener que desviarse hacia la conservación de los espacios naturales propuestos para la Red Natura, podría ponerse en entredicho todo el segundo pilar de la PAC español, lo cual sería un grave error. En ningún caso deben destinarse los fondos que España consiga para el Desarrollo Rural a temas exclusivamente ambientales, puesto que supondría renunciar a otros objetivos prioritarios para el sector agrario como la modernización y mejora de explotaciones o la tan necesaria incorporación de jóvenes. Por otra parte, desde hace ya unos años, la Comisión Europea no ha dejado de elaborar y emitir normativa de tipo ambiental que afecta de forma directa a la agricultura, al soporte físico en la que se realiza, a los sistemas y a los métodos agrarios de producción. En realidad, se ha generado una verdadera revolución verde, ciertamente irreversible, que deja obsoletas una buena parte de las amenazas de las que la Red Natura nos pretendía salvar. Es más, Europa ha reconocido que una gran parte de esos hábitats que se pretenden proteger son el fruto de las tareas agropecuarias de los hombres durante siglos de trabajo agrario. Por lo tanto, lo que habría que estimular no son los ecosistemas sino a las gentes que los han creado; es decir, a los propietarios rurales. A la vista de lo anterior, parece evidente que la Red Natura ha entrado en un callejón sin salida con dos lastres que muy difícilmente van a favorecer el que se llegue a una solución viable. El primero de ellos es que la filosofía de la propia Red ha entrado en franca contradicción con otras directivas europeas mucho más recientes como la Estrategia de Conservación de la Biodiversidad, la Ecocondicionalidad, la política de desarrollo sostenible, la filosofía de la Multifuncionalidad de la agricultura, las manifestaciones institucionales hacia el mantenimiento de las poblaciones rurales a ultranza en un régimen de igualdad en calidad de vida y rentas, etc. El segundo de los lastres es el que no parece viable la constitución de la Red sin fondos europeos que la soporten. El desvío de otros fondos para este destino sería muy mal recibido por la población agraria y ganadera de la Unión, lo que conduciría a periodos de inestabilidad y alta conflictividad en el campo. Madrid, 7 de octubre de 2003 |
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